Cebador de sueños

De Auckland con alma argentina: la increíble historia del arquero amateur que toma mate

El arquero de Auckland City, que pidió licencia sin goce de sueldo para disputar el torneo, tiene una conexión especial con Argentina: toma mate desde los 18 y sueña con compartir uno con Chiquito Romero.

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Por Ciudadano.News

23 Junio de 2025 - 12:05

Conor Tracey, el arquero neozelandés que toma mate.
Conor Tracey, el arquero neozelandés que toma mate. Fuente: X

23 Junio de 2025 / Ciudadano News / Deportes

En el vestuario del Auckland City, entre botellas de hidratación y vendas deportivas, hay algo que desentona y, al mismo tiempo, resume perfectamente la historia de este equipo amateur en el Mundial de Clubes, un termo y un mate. El dueño de ese ritual es Conor Tracey, arquero titular del conjunto neozelandés, que no solo ataja penales y vuela bajo los palos, sino que también ceba y toma como un argentino más.

Tracey tiene 27 años, trabaja en un depósito farmacéutico donde opera un montacargas y se pidió vacaciones sin goce de sueldo para poder jugar el torneo. "Sufriré un poco con el alquiler, las facturas, pero jugar contra Bayern, Benfica y Boca Juniors vale 100% la pena", confesó con una sonrisa tan amplia como su ilusión.

Pero su vínculo con Argentina no es solo futbolístico. Tiene sabor amargo y viene en calabaza, el mate. Lo empezó a tomar a los 18 años por curiosidad, cuando un compañero sudamericano le ofreció un sorbo. "Me gustó mucho. Le conté a mi papá, y resulta que él había viajado a Argentina y había traído todo a casa. Ahí empecé a prepararlo solo, sin tener idea de cómo hacerlo", recuerda.

El círculo se cerró cuando conoció a Emiliano Tade, santiagueño, ídolo del Auckland City y uno de los máximos goleadores históricos del club. "Él me puso en contacto con Pampa, que me manda todo lo que necesito para no quedarme sin yerba en Nueva Zelanda", cuenta Tracey, que hoy ya no arranca el día sin su mate.

Con 135 partidos en el club, 130 goles recibidos y 58 vallas invictas, Tracey se ganó un lugar en la historia de los Navy Blues, el único equipo amateur del Mundial de Clubes 2025. En el debut, aguantó como pudo ante el Bayern Munich y, aunque recibió diez goles, tapó siete pelotas que podrían haber estirado aún más la diferencia. Contra Benfica, la historia fue similar. Pero nada lo desanima: "Esto es un sueño. Jugar contra estos equipos, y especialmente contra Boca, es algo que siempre quise hacer".

Cuando habla de Boca Juniors, se le iluminan los ojos. "¿Vieron a su hinchada? Siempre quise jugar frente a ellos. Toda esa pasión, el amor por el fútbol... eso es lo que representa este deporte", dice con admiración. Y si pudiera compartir un mate con algún xeneize, no duda: "Con Romero, claro. Con el club de arqueros".

Conor Tracey es la imagen del fútbol en estado puro, esfuerzo, pasión y locura por el juego. Mientras algunos cuentan millones, él cuenta días sin cobrar para vivir su sueño. Y lo hace con un mate en la mano, un termo bajo el brazo y la ilusión intacta de enfrentarse al mundo desde el rincón más inesperado del planeta fútbol: Nueva Zelanda.

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