El plantel de Godoy Cruz, junto al cuerpo técnico y allegados, adopta un outfit distinto para los partidos de la Copa Sudamericana. Sobresale un traje azul con el escudo de la institución, símbolo de gala para el certamen organizado por la Conmebol.
Pero no es solo la ropa lo que cambia. Además del atuendo, en el campo de juego también se nota otra predisposición. Es como si el equipo dejara el chip del torneo local en la ducha y saliera a la cancha con otra enjundia, otra energía. Y hasta una mayor concentración.
Cuando ese combo se activa, muchas falencias se disimulan. Y así, el Tomba se transforma en un equipo competitivo de verdad. Anoche, sin ir más lejos, debió ganarle a Gremio, más allá del 2-2 final. Lleva siete puntos y lidera la Zona D, lo que hace ilusionar a todo el Pueblo Bodeguero con hacer historia.
Pero la pregunta que muchos hinchas se hacen, por estas horas, es por qué Godoy Cruz cambia tanto de un certamen a otro.
El equipo decepcionó hace unos días en San Juan, en el Clásico Cuyano ante San Martín, y apenas suma dos victorias en catorce presentaciones en el campeonato. De hecho, preocupa que todavía no haya podido ganar de local en lo que va del año en el Apertura.
Con estos datos —y sobre todo por el rendimiento mostrado en el ámbito doméstico— parece difícil imaginar al equipo de Esteban Solari en los octavos de final del torneo local.
Sin embargo, las cuentas todavía le cierran. Si el lunes vence a Atlético Tucumán en el Malvinas, tendrá grandes chances de avanzar a la siguiente instancia. Pero claro: deberá jugar como lo hace en la Sudamericana. Con esa misma energía, esa misma presencia, esa misma actitud.
Quizás haya que llevar el traje azul a la tintorería en las próximas horas, para que esté impecable para el lunes a la tarde. Porque cuando Godoy Cruz se lo pone, se transforma.

