Casi cinco años después del accidente que pudo costarle la vida en Baréin 2020, Romain Grosjean volverá a subirse a un monoplaza de Fórmula 1. Será en Mugello, al mando de un Haas, el mismo equipo con el que cerró su etapa en la máxima categoría.
El francés rodará con un casco muy especial: decorado por sus hijos, fue diseñado para la última carrera de aquella temporada en Abu Dhabi, pero nunca llegó a utilizarlo por las secuelas del choque.
Recuerdo imborrable
La imagen de su coche partido en dos y envuelto en llamas recorrió el mundo. Grosjean logró escapar con quemaduras y cicatrices que aún lo acompañan. Aquella noche marcó el final de su trayectoria en la F1, pero no de su vida como piloto.
Nuevos caminos
Lejos de alejarse de la velocidad, el francés se reinventó:
Compitió en IndyCar, incluidas varias ediciones de la Indy 500.
Se probó en la Resistencia, con experiencia en las 24 Horas de Le Mans.
El valor del regreso
Más allá de lo deportivo, este retorno tiene un peso simbólico: volver a un Fórmula 1 no es solo un homenaje personal, sino también un recordatorio de la capacidad de resiliencia y de la seguridad que la categoría ha alcanzado tras aquel accidente.

