Historias deportivas

Boca, River y un destino común: la historia de la marca nacional que hoy apaga sus máquinas

En la década del 80, una empresa argentina logró lo que hoy parece imposible: ser el sponsor principal de los dos clubes más grandes del país al mismo tiempo. Hoy, ese símbolo del fútbol romántico enfrenta su hora más difícil.

Por Fernando Montaña

El recordado Milton Melgar, usó ambas camisetas — .

El fútbol argentino de los ochenta se recuerda por el barro, los estadios llenos de papelitos y las camisetas de piqué. Pero también por una marca que se volvió parte del paisaje cotidiano de los domingos: Fate. Aquel Boca del "Loco" Gatti, Stafuza y el "Pipa" Higuaín, y aquel River campeón del mundo de Oscar Ruggeri y Antonio Alzamendi, compartían algo más que la rivalidad: el mismo logo en el pecho.

Un negocio de otros tiempos: ¿Cuánto cobraban Boca y River?

Para los nostálgicos y analistas de marketing, el dato es revelador. En aquel entonces, Fate desembolsaba cerca de US$ 8.500 mensuales por club. Sin embargo, el contrato no era un espejo exacto: Boca Juniors percibía un monto ligeramente superior al de River Plate.

Esta diferencia, que hoy desataría crisis institucionales y celos entre dirigentes, se aceptaba entonces como el pulso natural del mercado. En total, la firma invertía unos US$ 200.000 anuales para dominar las dos vidrieras más importantes de la Argentina. Eran los años de las marcas nacionales fuertes, donde también brillaban empresas como Zanella en San Lorenzo, Mita en Independiente o Seven Up en Argentinos Juniors.

El mapa del fútbol del interior

Esta identidad nacional no se limitaba a Buenos Aires. En Mendoza, el fútbol también hablaba el idioma de la producción local. Las camisetas de la provincia eran un catálogo de la industria regional: Huracán Las Heras con Down, Atlético Argentino con Famularo, lapakó o Cerámica San José, el Tomba con Maderas Giro, la Lepra con Guerreiro, y el Lobo con Vino Toro.

Incluso marcas como Peugeot o Fiat asomaron en las casacas. Era un fútbol donde el sponsor no era solo un logo, sino un motor del empleo cercano.

El cierre de una era

Hoy, esa marca que esponsorizó a los ídolos de nuestra infancia y que fue una metáfora de la pujanza nacional, atraviesa un presente oscuro. El anuncio del cese de actividades en su planta no es solo una noticia económica; para el futbolero, es el cierre definitivo de una etapa romántica.