El Barcelona, con la precisión de un cirujano, asestó un golpe letal al Atlético de Madrid, sellando su pasaporte a la gran final de la Copa del Rey adonde se medirá contra Real Madrid.
El solitario gol de Ferran Torres, en el minuto 27 del primer tiempo, fue suficiente para desatar la euforia culé y silenciar a la afición rojiblanca.
El partido, que llegaba con la expectativa tras el vibrante empate 4-4 en la ida, no defraudó. El Barcelona, bajo la batuta de Hansi Flick, demostró su jerarquía y controló el ritmo del juego desde el inicio. La posesión del balón y la presión alta ahogaron al Atlético, que se vio incapaz de generar peligro en el área rival.
Ferran Torres, con su olfato goleador, aprovechó un descuido defensivo para abrir el marcador y desatar la locura en el banquillo blaugrana. El gol fue un mazazo para el Atlético, que intentó reaccionar, pero se encontró con un Barcelona sólido y bien plantado.
En la segunda mitad, Diego Simeone movió sus fichas, buscando el empate que forzara la prórroga. Así generó algún acercamiento hasta las postrimerías del arco culé, sin embargo, el Barcelona, con su experiencia y oficio, supo manejar los tiempos del partido y evitar cualquier sobresalto. El pitido final desató la alegría barcelonista y confirmó la reedición del clásico español en la final de la Copa del Rey.