Desde la niñez comenzábamos a ser habitantes de la Patria Deportiva.
Por mi viejo querido me hice de San Lorenzo y él, por amor a nosotros, guardó en su alma de niño, su leprosismo para hacerse de la Academia sanjosina.
Con semejantes referencias, íbamos detrás de las noticias; de la Revista Goles, del Gráfico, del Diario Mendoza.
En la lectura de esas crónicas surgía un futbolista, un automovilista, un boxeador y un periodista.
Porque si no soñábamos con ser alguno de aquellos que inflaban sus venas de gol para una cámara fotográfica, o guanteábamos a lo Nicolino Locche, dejábamos volar la imaginación con la exquisita pluma del poeta Osvaldo Ardizzone, o nos enganchábamos a la radio portátil para escuchar el adelantado del sábado con esos relatos de Antonio Bibiloni y su metáforas floridas, aquellos cancerberos, centrojás o golpes de testa, o Jorge Germán Ruiz cual si fuera barítono para contarnos que hubo peligro "de goooooollllll", cerca del arco de gimnasia "y" Esgrima, así acentuada en la Y griega.
Y Pancho Caldiero y Vicente Manuel Azcona, en algún dial de AM y en onda corta... y Daniel Alberto Azcona, Miguel Biaggini y los legendario Chino Zavala, Cacho Cortez y el viejo Juanjo Martínez...
Así también otros, comenzábamos a jugar al relato de nuestro propio partidito en el fondo de la casa, o trepados a una bicicleta, a un karting, en rueditas de hockey, con una red alta... a recrear las hazañas de nuestros memorables ídolos de infancia... inspirados por aquellas plumas y voces.
Así un día, sin querer queriendo, aquel sueño comenzaba a hacerse real.