"Saltaba sobre las nubes Olía del cielo su desnudez Silbaba la calma del viento Y lamía la humedad de mi piel" (Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre, 1978)
El guerrero corre y corre. Mira por el imaginario espejo retrovisor. Sus rivales vienen detrás pero no podrán alcanzarlo. Alza los brazos antes de llevarse puesta en gloria y felicidad a esa telita celeste y blanca de pocos centímetros de espesor.
Es que cruzar esa cinta magnética es su felicidad. Su objetivo de vida.
En sus tiempos de YPF cuando brillaba en la pista
Pero su gran objetivo es saltar sobre las nubes, en los cielos deportivos del país y de América Latina.
Así Ángel Gagliano, un auténtico Lobo del aire se inscribía como el dueño de récords en salto trriple como aquellos 15.85, de 12 de octubre de 1980 en el torneo internacional Ciudad de Buenos Aires. Y los luego en los 16 metros de 1983 siendo el primer argentino en lograrlo, allí en la altura de Las Cuevas.
Salta, salta, salta... para conseguir una marca de 16.30 metros, a fines de 1983 (4 de diciembre) que le dio el pasaporte a los Juegos Olímpicos de Los Angeles. El salto triple era su territorio.
Soñaba con suspenderse en ese cielo yanqui y botar a tierra más lejos que nadie. Pero una inoportuna lesión lo privó de aquel anhelo. Así lo contaba en una entrevista con el diario Los Andes.
"En ese época había pocas competencias internacionales. As que establecimos con mi esposa, Elsa Pennesi, que me entrenaba, realizar toda la actividad en Mendoza y para costearnos viajes, estadías y comida, se constituyeron varias subcomisiones y siempre estaré agradecido a lo que trabajaron. Amigos como Iván Yurcic y Ricardo Solís, además de mi esposa y el apoyo prestado por el club YPF".
"Viajamos con unos días de anticipación con vistas a tomar parte del último torneo preolímpico que se disputaría en San Diego. Eso fue una verdadera fiesta, ya que muchos atletas del mundo habían apuntado a la posibilidad de competir en ese evento, por lo que se había creado una gran expectativa. Uno nunca podrá saber en qué rincón está escondida la fatalidad. En el primer intento de salto, caí fuera de la corredera, que por otra parte era muy angosta y en el impacto me fracturé el quinto metatarsiano del pie derecho. De pronto se me hizo la noche. Me trasladaron en la ambulancia a la Villa Olímpica, radiografía para determinar la gravedad de la lesión y luego una bota de plástico, flexible y liviana, pero descartando ya la posibilidad de tomar parte de la competencia".
Sus números dirán que a lo largo de su campaña logrará nueve oportunidades la corona argentina de esa prueba y con sus victorias en 400 metros llanos (cuatro veces) y salto en largo (una) totalizó 14 títulos individuales. Un pajaro que volo y voló.
Otra imagen de sus tiempos de esplendor en las pistas
Y que mantuvo su récord de salto triple por 28 años cuando en el Cenard, el salteño Maximiliano Andrés Díaz le devolvió a la Argentina el cetro sudamericano del salto triple con 16.43 (ahora Díaz ha extendido dicho récord hasta 16.62).
Depués Angel y su esposa -la ex velocista Elsa Pennessi, fallecida hace una década- cambiaron la pista, por la labor docente. En YPF llevaron a cabo una labor formativa admirable. También prepararon a distintos seleccionados mendocinos, entre los que asistían a Campeonatos Nacionales y a los Juegos Binacionales juveniles.
El viernes pasado, Angel Gagliano, falleció víctima de un cáncer con el que batallaba desde desde hace varios años.
Gagliano, uno de los grandes deportistas de Mendoza, había nacido el 6 de abril de 1950.
Toda la emoción en un homenaje que le hicieron
Humberto Beto Lanatti, uno de sus alumnos en el querido YPF, lo despidió de esta manera:
"Falleció un amigo, un maestro. Tal vez el más grande atleta mendocino de todos los tiempos. El Maradona, o el Víctor Legrotaglie del atletismo local. Sin dudas y por lejos. Mantuvo el récord argentino de salto triple durante más de un cuarto de siglo. Participó en las Olimpíadas de Los Ángeles de 1984. Hasta hace unos días continuaba entrenando y compitiendo con 74 años encima. Cada vez que retomo la actividad atlética no me puedo sustraer a sus consejos. Me observaba corriendo los 100 metros con los dientes apretados y el torso en tensión y me dijo "corré relajado, se corre para disfrutar, no para sufrir", o cuando como al pasar te señalaba la rigidez de la muñeca en los lanzamientos de jabalina o de bala, o el ángulo del brazo al lanzar el disco. Un capo total. Sobrevivió a enfermedades gravísimas y padeció numerosas lesiones. Un ejemplo vital. Gracias por todo Ángel Carlos Gagliano.
En el galpón de la memoria, el guerrero no detiene su marcha. Alli persiste el ejemplo de sus piques, de su resistencia y de su salto hacia adelante. El Lobo del Aire.