El fútbol argentino ha decidido plantar bandera contra una práctica que desvela a los dirigentes: la salida de juveniles mediante la patria potestad.
Tras la reciente partida de Lucas Scarlato, una de las promesas de 16 años de River Plate, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) tomó una determinación tajante que cambiará las reglas del juego en las categorías formativas.
Un blindaje para los clubes formadores
La medida, que ya cuenta con el aval unánime del Comité Ejecutivo, establece que ningún futbolista que abandone su club de origen bajo este artilugio legal será convocado a las Selecciones Juveniles. El objetivo es claro: desincentivar que las familias y agentes se lleven a los talentos a Europa sin dejar un resarcimiento económico a la institución que los formó.
El detonante fue el caso de Scarlato, quien emigró sin haber firmado contrato profesional. En el centro de la polémica aparece nuevamente el nombre de Martín Guastadisegno. El representante cuenta con un historial que genera recelo en el ámbito local, habiendo gestionado anteriormente las salidas de Matías Soulé de Vélez y Joaquín Panichelli de River bajo el mismo método. Ambos jugadores, hoy figuras en el Viejo Continente, llegaron a vestir la camiseta de la Selección Mayor tras sus polémicas partidas.
Con esta nueva normativa, la AFA busca frenar el éxodo prematuro y proteger los activos de los clubes. A partir de ahora, el sueño de vestir la celeste y blanca quedará condicionado a la lealtad contractual con las instituciones nacionales, marcando un antes y un después en la gestión del fútbol juvenil argentino.

