Ocho datos para conocer al hombre detrás de la cámara

El genio del cine francés y miembro de la vanguardia Nouvelle Vague falleció por medio del suicidio asistido. Lo recordamos contando aspectos interesantes de su vida

Por Santiago Hernandorena

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Jean Luc Godard, uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempo, falleció hoy luego de recurrir al suicidio asistido. Mucho podríamos decir sobre su obra pero preferimos dejarte ocho datos para conocer un poco más sobre él:

 

Nunca estudió cine

Si bien comenzó sus estudios en el Lycee Buffon de Paris y luego de la Segunda Guerra Mundial se inscribió en la Sorbona para estudiar Etnología, nunca completó los estudios. Luego aplicó en el IDHEC, el Instituto de Altos Estudios de Cinematografía, pero lo rechazaron.

 

Trabajó de obrero

En 1952, Godard consiguió un trabajo en la construcción de una represa a través de un amigo de la familia. Esto lo inspiró a crear un documental sobre la obra.

Cuando concluyó su contrato, consiguió el puesto de operador de teléfonos para poder seguir en el lugar. Con una cámara de 35mm que le prestó un amigo suizo, comenzó la filmación. Finalmente, la empresa dueña de la represa le compró el film “Opération béton” y lo utilizó con fines publicitarios.

Conoció el cine por un ensayo

Inicialmente no era un amante del séptimo arte. Si bien iba a ver películas, lo hacía desde un lugar de entretenimiento. Sin embargo, su concepción cambió luego de leer el ensayo de André Malraux  “Esquisse d´une Psychologie du Cinéma” (Esquema de una psicología del cine) y de convertirse en un asiduo lector de La Revue du Cinéma, relanzada en 1946.

Además, en un viaje a Génova conoció y entabló amistad con un fanático del cine, Roland Tolmatchoff. Cuando regresó a París, comenzó a frecuentar un grupo de críticos de cine-clubs, donde nació el movimiento de la “Nouvelle Vague” (nueva ola).

Comenzó su carrera como crítico

Como comentamos, sus comienzos estaban relacionados con la crítica y no con la producción. En 1950 fundó una gacetilla junto a un par de amigos, Maurice Schérer y Jacques Rivette. Cuando una revista más importante apareció en 1951, Cahiers du cinéma, Godard fue el primero de este grupo en ser publicado. Pasarían un par de años antes de que agarrase la cámara por primera vez. 

Fue un gran crítico de Vietnam

En algunas de sus películas se pueden ver momentos que abordan directamente la Guerra de Vietnam. En “Pierrot le fou” (Pierrot el loco) hay dos escenas. La primera se da en el viaje inicial en automóvil de Ferdinand y Marianne. En la radio se escucha un mensaje que cuenta que el Viet Cong masacró una guarnición de 115 hombres. Ante eso, Marianne reflexiona sobre la forma en que el medio informa y la deshumanización que se genera.

Luego, los amantes se encuentran con un grupo de marineros estadounidenses. Marianne, al reconocerlos, dice:  “¡Malditos estadounidenses!”. Esta es una clara alusión a la frustración que sentían tantos comunistas franceses hacia la hegemonía estadounidense.

Podía ser una persona complicada

Godard siempre tuvo una reputación de tipo difícil, tanto en lo profesional como en lo personal. Tuvo dos matrimonios, primero con Anna Karina y luego con Anne Wiazemsky,  que terminaron muy mal y se volcaron a sus películas. 

La reedición del productor Iain Quarrier de su documental sobre The Rolling Stones de 1968 Sympathy for the Devil, terminó con el director francés a los golpes y cachetazos con Quarrier por las modificaciones que le impuso. 

También se peleó con François Truffaut

Godard le escribió a Truffaut criticando duramente su última película, Day For Night. De paso, le pidió dinero para hacer un film en respuesta a ese. Claramente Truffaut le contestó diciendo que era una "porquería", por ser finos. Y, obvio, no le dio un centavo para que realizara su película. Nunca volvieron a ser amigos.

Cambió la historia del cine

Fue uno de los cerebros de la Nouvelle Vage. Se permitió romper los cánones tradicionales y cambió el punto de vista de la cámara, sus actores y actrices aparecen de espaldas y rompe con todo lo preestablecido en el lenguaje formal cinematográfico. Su manera de contar historias era completamente distinta a todo lo visto hasta ese momento y dejó una marca única. Su mirada era crítica y política, y con su cine enunciaba y denunciaba.

Se atrevió a probar, intentar, romper, recrear y dejó obras únicas. Sin él, François Truffaut,  Jacques Rivette, Claude Chabrol o Éric Rohmer, entre otros, la nouvelle vague probablemente nunca hubiese tenido la fuerza, si es que acaso existía, y el cine no sería cine.