Cuentos de verano

Los convidados de piedra del Flaco Spinetta

En este primer día del año, un texto literario para sobrellevar el calor con una sonrisa. La aventura de dos chicos como DJ en una fiesta en Las Heras.

Por Fernando Montaña

La frustrada aventura de dos DJ — /Internet

Nos habían convocado para poner música en una fiesta en el Barrio Ujemvi. Bah, más bien nosotros nos dimos chapa con que éramos poco menos que Pato C y Pont Lezica juntos, a mediados de nuestra juvenilia ochentosa

Cosas que uno hace habitualmente en el intento desesperado por impresionar a una chica. O a un par de chicas, en este caso. 

La Euge (la dueña de casa) y la Laura, su amiga, así se llamaban ellas. 

Y allá fuimos junto al Walter, que tenía el mismo defecto que yo: demasiados Spinettianos. 

Llegamos a Las Heras, medio tardón. El baile informalmente ya había comenzado. 

Aunque el patio del baile no se había poblado del todo, las chicas que eran mayoría, establecían lo que entonces no se llamaba previa, pero era lo que hoy se diría previa. 

Conversaban, bebían y fumaban, esperando determinar cuando iba a bajarse la bandera de largada para el baile oficial.

En una habitación cuya ventana daba hacia un patio y que oficiaba de sala de operador ya había un pibe poniendo música, con una casetera y una bandeja tocadiscos. 

Con el Walter lo miramos extrañados pensando que cuando nos viera aparecer iba a dejarnos el lugar que estaba reservado para nosotros, tal como suponíamos, pero eso no ocurrió. 

-Nene, somos los discs jockey-, nos presentamos ante el pibe para advertirle que estábamos dispuestos a hacernos cargo de la puesta al aire musical. No se si no nos escuchó o hizo como que no nos había escuchado, pero siguió como si nada. 

"Soda, queremos Soda"

Antes que la situación se pusiera tensa -más por nosotros que por el pibe que ni se había inmutado y seguía en la suya entretenido con la consolita- apareció Euge, quien nos preguntó sonrientemente si necesitábamos algo.

-Síii, flaca. Sacanos a este pibe por favor, que así nosotros no podemos trabajar- le dijo el Walter a la dueña de casa, como para que quedara claro que nos habíamos tomado en serio la responsabilidad acordada. 

Eugenia, le habló al oído al pibe. El chico que creo que era un hermano suyo, nos miró con extrañeza. Al final, no sé si de buena o mala gana, dejó su sitio frente a las teclas. La máquina de poner música. La diversión corría ahora por nuestra cuenta.

Traíamos un montón de discos que por supuesto pusimos encima de los que el pibito había dejado.

Sonaban Virus, "La niña veneno", los Pet Shop Boys, y luego en un enganche que no se le hubiera ocurrido ni al mismísimo Rey Cattáneo, clavamos "Ana no duerme" seguido de "Rutas Argentinas", ambas de Almendra. Algunas parejitas dejaron la danza y otras aprovecharon el impasse para conversar.  Era claro que no se sabían esas canciones...

Inauguramos los lentos y el estiletazo elegido fue "Plegaria para un niño dormido", de Almendra en Obras, imaginando que los chiques iban a apretar a mansalva con ese tema terrible, en la poderosa versión que hace la banda con la voz honda del Flaco y el bajo de Emilio Del Guercio acentuando la cadencia musical.

El asombro seguía cundiendo. No eran los discos de moda.

Y no paramos ahí. Volvimos a uno rápido: "Yo quiero ver un tren", de Mondo di Cromo del Flaco, que despertó algún entusiasmo.

No llevábamos más de 15 minutos de pasar música que antes del último acorde, la gente dejó de bailar y se nos agolpó en masa junto a la ventana donde estaban los equipos, gritándonos: "Soda, Soda, queremos Soda"

Los desconcertados pasamos a ser nosotros.

No fue culpa del Flaco Spinetta. De haber vaticinado el devenir podríamos haber dicho a lo Michael Fox en Volver al futuro: "Creo que ustedes aún no están listos para esto, pero a sus hijos les fascinará", pero no.

Basta decir cuál es hoy el día del músico argentino y cómo tantas canciones suyas sobrevivieron al tiempo, para corroborar la importancia de Luis Alberto.

Tampoco tenía responsabilidad el trío Cerati -Bosio- Alberti que edificarían una banda inmortal. Que encima como un guiño al Flaco, el ex Soda tocó "Bajan" años después y se sumó maravillosamente al show de las Bandas Eternas de 2009.

No hubo culpables en el Ujemvi, aquella noche. 

Solo que desde nuestra ingenuidad, no exenta de cierto prejuicio con lo más nuevo, tratábamos de "evangelizar" a los más pibes con la música del Flaco. La que no sonaba mucho por las radios. Elegimos mal la noche. 

Bastaban las desconcertantes caras de una veintena de chicas y chicos agolpados en la ventana para entender que no tendríamos posibilidad de revancha como DJs. Faltaba aquello de Pappo a DJ Dero: "Búsquense algún empleo digno".

En los rostros de Euge y Laura supimos que no habría chances de ningún tipo. Al menos no, en esa ocasión. 

El hermanito de Euge había retomado el comando musical de la noche. 

El desagravio para los Soda Stéreo fue con "Sobredosis de TV" y retomó la fiesta, a la que en tan solo 15 minutos pasamos a sentirnos los convidados del Flaco Spinetta.