Para su tercer largometraje, el director Joaquín del Paso ha decidido poner el foco en una herida abierta de América Latina. "El jardín que soñamos", seleccionada para competir en la sección Panorama del Festival de Cine de Berlín, es una obra visceral que entrelaza la travesía de una familia de migrantes haitianos con la devastación de los santuarios naturales en México. La película no solo busca la contemplación estética, sino que funciona como una denuncia política sobre los sistemas de poder que trituran tanto la vida humana como el ecosistema.
Mariposas Monarca y la sombra del crimen organizado
Filmada en las zonas boscosas de Michoacán y el Estado de México, la cinta sigue a Esther y Junior, una pareja que huye de la crisis en Haití para encontrar refugio en la profundidad del bosque mexicano. Sin embargo, su búsqueda de un hogar los lleva a ser reclutados por grupos que controlan la tala ilegal de madera, un recurso que hoy se utiliza incluso como moneda de cambio para el tráfico de drogas. La mariposa Monarca, cuya supervivencia es cada vez más frágil, actúa como un testigo silencioso de la violencia que sufren tanto los árboles como los desplazados.
Del Paso logra capturar el acto visceral de destruir la naturaleza, mostrando paisajes desolados que contrastan con la luz interna de la comunidad haitiana. A través de este relato, el cineasta expone cómo la migración forzada y la emergencia ecológica son dos caras de la misma moneda. Al final, "El jardín que soñamos" se consolida en la Berlinale como un recordatorio urgente: el desplazamiento humano y el ecocidio no son fenómenos aislados, sino consecuencias de un sistema que ha perdido el rumbo en su relación con el planeta.