“La pandemia nos domina con espanto, miedo y dolor”, dice Doris Ataguile, una mendocina que vive desde hace tiempo en Estados Unidos, para referirse a las sensaciones que siente las 24 horas.
Dedicada a los negocios de bienes raíces como broker, Ataguile está radicada en la zona de Brooklyn, Nueva York, un duro epicentro donde el coronavirus está golpeando muy fuerte con contagios y muertes. Toda una cuestión que hace que el ataque a las Torres Gemelas, la gran tragedia que conmovió a los Estados Unidos, haya sido largamente superada.
Los últimos datos desde el país del norte indican que ha superado en cifras a los 202 países del mundo afectados por el COVID-19. Así mismo, las consecuencias que sobrevienen para la potencia mundial son nefastas, mucho más de lo que ocurrió en la gran depresión de 1930.
En ese sentido, la desocupación rompió la barrera del 14,7%, alcanzando la pérdida de 20 millones de puestos de trabajo. Para medir la magnitud, se tiene que tener en cuenta que Estados Unidos en toda su historia no había perdido más de 2 millones de empleos en un mes.
La pérdida de trabajo es una parte del gran drama que hoy padece la tierra yanqui. Ahí la comunidad hispana y la afroamericana son golpeadas por esa desocupación y la atención ante el contagio del coronavirus. Se diría que es una gran discriminación que aflora en el epicentro de la pandemia, Nueva York
“Esperamos para agosto más de 72 mil muertos”
Para interiorizarnos aún más del gran drama que vive la población en la emblemática ciudad norteamericana, El Ciudadano mantuvo contacto con Doris Ataguile. Durante la conversación la mujer se mostró abatida y expresó que “los contagios y las muertes por el coronavirus siguen creciendo. De acuerdo a las últimas cifras que nos dan aquí, Estados Unidos tiene más de 1.400.000 contagiados, mientras que el número de muertos supera 78.500”. El estado más afectado es Nueva York, transformándose en el epicentro de la pandemia con más 600.000 infectados y más de 25.000 muertes.
Al preguntarle cómo soportan este momento tan difícil, se sinceró: “Estamos muy mal, nuestros ánimos solo lo describen el espanto y el miedo. Lo terrible es que en este estado de situación esperamos para agosto más de 72.000 muertos. Los números aquí no muestran que puedan disminuir y no creemos que puedan bajar, porque en algunos estados, en el mayor grado de gravedad de la pandemia, abren sus negocios y dejan que la gente circule. Por lo que no creo que esto pueda morigerarse, al contrario”.
Fosas comunes y mucho dolor
Al momento de profundizar lo que están viviendo los más de 8.400.000 habitantes de la ciudad más poblada de los Estados Unidos, Doris relató que “es tanta la cantidad de muertos, que morgues y casas funerarias están desbordadas. Cerca de mi domicilio en Brooklyn, se encontraron camiones que no tienen equipos refrigerantes abarrotados de cadáveres. Estaban estacionados frente a una funeraria que ya no podía contener más muertos en su interior. En el caso de los cementerios y crematorios sucede lo mismo. De allí las fosas comunes que espantaron al mundo con las imágenes de TV y a nosotros mucho dolor; por aquí todos conocemos a alguien que ha fallecido por el COVID-19”.
“El caso de los hospitales –agregó– es el otro costado del espanto que vivimos. En ellos ya no hay lugar y por eso se han multiplicado los espacios donde se pusieron camas en improvisados centros de salud, que en realidad no lo son. De igual modo todo está saturado, y para los que todavía no estamos enfermos de nada, sería el peor momento, porque no tendríamos dónde ser atendidos ante el impresionante número de enfermos. La mayoría de ellos llegan muy mal, son entubados y ya no salen. Todos aquí reconocemos el muy buen trabajo y esfuerzo que hace el personal de salud, entre quienes también se registran muchas muertes”.
Al reiterar su valoración del personal de salud que atiende la pandemia, destacó: “Todos los argentinos que estamos radicados aquí entendemos que la Argentina hizo bien las cosas para detener el avance del COVID-19. La cuarentena fue oportuna, como en mi tierra mendocina, para lograr detener contagios y muertes”.
“Aquí Donald Trump no tomó con seriedad la pandemia que se venía sobre Estados Unidos, y solo reaccionó cuando el virus dominó todo el sistema de salud de este país”, finalizó Ataguile.